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Derecho de réplica Carta abierta de Reporteros Sin Fronteras, en respuesta a sus detractores 19 de septiembre de 2006 Luego de la publicación en nuestro sitio, en varios idiomas, de una serie de artículos sobre la subvención estadounidense a Reporteros Sin Fronteras y sus consecuencias políticas, la rama francesa de la asociación expresó su deseo de replicar en forma de carta abierta, cuyo texto publicamos a continuación integralmente.
¿A qué se debe el odio contra RSF? Al supuesto «ensañamiento» de la organización contra un país: Cuba. Poco importa que un país sea más que sus dirigentes y que RSF «se ensañe» con otros regímenes como el iraní, el chino, el de Zimbabwe o el de Bielorrusia. Basta con leer el sitio. Sin embargo, planteemos la pregunta. ¿Los cubanos eligen a su presidente y su parlamento? No. ¿Pueden criticar abiertamente a sus gobernantes? Tampoco. ¿El poder tolera otros partidos aparte del PCC y otros medios que no sean los oficiales? Tampoco. Es por eso que RSF se atreve a decir y escribir que Cuba es una dictadura. ¿Lo que es intolerable en Irán o Bielorrusia podría ser aceptable en Cuba? Sí, según nuestros amigos detractores, ya que Cuba está sitiada por su gran vecino estadounidense que sueña con convertirla en un segundo Puerto Rico. Con la salida de Castro, Cuba se convertirá en un protectorado. Estados Unidos arrastra en efecto una gran deuda con América Latina, deuda que ese país empezó incluso a reconocer con la administración Clinton al abrir los archivos del Plan Cóndor. Pero ¿la resistencia a la influencia estadounidense implica infligir a su propio pueblo autocracia y represión? Como el presidente chileno Salvador Allende siguió siendo un demócrata y fue derrocado por orden de la administración estadounidense, Fidel Castro, que escapó a innumerables intentos de atentados organizados por el gran vecino, está justificado en la manera en que ejerce el poder. ¡Curioso razonamiento! Nuestros fidelistas tienen otro importante argumento para demostrarlo. Aunque Cuba no sea todo lo democrática que quisiéramos, el «pueblo cubano» se siente bien así. Hasta quiere a su Líder Máximo [La expresión Líder Máximo aparece en español en la réplica de RSF y la reproducimos aquí en aras de respetar ese texto aunque dicha frase, tan empleada en la prensa occidental para referirse a Fidel Castro, no se utiliza nunca en Cuba para referirse ni a Castro ni a ningún otro dirigente. N. del T.]. El pueblo como justificativo es bastante típico en el discurso totalitario y del poder personal. Resulta por ello incomprensible que ese discurso deje extasiados a militantes que defienden la justicia y la libertad. ¿Se olvidaron de la parte de La Internacional que dice que «no hay salvador supremo, ni Dios, ni César, ni tribuno»? Más grave todavía. Para nuestros amigos castristas nada parece haber cambiado desde 1959. Fidel es Cuba. Cuba es la Revolución, por tanto la Revolución es Fidel y fuera de esa ecuación no hay nada que hacer. Como consecuencia, los 330 prisioneros de opinión y los 23 periodistas encarcelados no son más que mercenarios a sueldo del imperio, traidores a la patria, agentes del extranjero. El romanticismo perdura pero cincuenta años no pasan en vano. Si conocieran a la disidencia cubana, nuestros valerosos detractores sabrían que es diversa. Lo que implica que el buen pueblo cubano piensa, debate y se interroga sobre su porvenir, a pesar de su beatitud revolucionaria de siempre. Algunos disidentes se llaman Vladimiro Roca, Manuel Cuesta Morúa, Leonardo Calvo, Elizardo Sánchez u Oswaldo Payá. Claro, son socialdemócratas, «sociotraidores», o democratacristianos, como en el caso del último de los mencionados. En fin, son contrarrevolucionarios, pero contrarrevolucionarios que rechazan la injerencia estadounidense. Cuando la administración Bush, viendo caer en picada sus grandes planes mediorientales, propuso en julio de 2006 un «plan de transición» para Cuba con 35 millones de dólares para el año 2007, esos «sociotraidores» fueron los primeros en denunciar el principio. Manuel Cuesta Morúa vio en él «el error prolongado de la política latinoamericana de Estados Unidos». Es por tanto posible ser de izquierda y resistir ante Estados Unidos sin ser castrista. Todos esos argumentos tendrían evidentemente más alcance si no vinieran de RSF. Ya que, no satisfecha con apoyar a 23 «mercenarios», cuya suerte relativiza la reputación de excelencia de la medicina cubana, la organización, pagada por el imperio, estaría tratando de desestabilizar la isla. Volvamos entonces por centésima vez al dinero que RSF recibe de la National Endowment for Democracy (NED. Recordemos que la NED no depende de la Casa Blanca sino del Congreso y que la oposición tiene por tanto derecho a opinar sobre la suma entregada. Recordemos también que esa suma representa menos del 2% de nuestro presupuesto global. Recordemos, finalmente, que está destinada a nuestras acciones en el continente africano y no en América. Los menos recalcitrantes aceptarán, pero encontrarán entonces otra fuente de financiamiento poco recomendable: el Center for Free Cuba (CFC), organización de exilados cubanos con base en Washington. ¿Hemos ocultado en algún momento que CFC subvencionaba, en parte, algunas de nuestras campañas a favor de los periodistas cubanos encarcelados? ¿Está demostrado que el Center for Free Cuba financia en secreto una reedición de Bahía de Cochinos sabiendo que no puede enviar nada a la isla a causa del embargo y sabiendo también que Estados Unidos no tiene interés, en este momento, en abrir las compuertas de una migración masiva de cubanos hacia Florida? Que nuestros detractores presenten las pruebas. Que nos demuestren también que recibir dinero nos convierte en lacayos ideológicos del que nos paga. Si así fuera, RSF no diría una palabra sobre Estados Unidos y la real degradación de la libertad de prensa desde el primer mandato de George W. Bush. La lectura de nuestro sitio basta para convencer de lo contrario y el simple conteo de la cantidad de notas por país sobre la zona América (17 comunicados sobre Estados Unidos, 17 sobre México, 14 sobre Colombia y 14 sobre Cuba) entre el 1ro de enero y el 1ro de septiembre de 2006 destruye, de una vez y por todas, la acusación de «ensañamiento» contra Cuba. Pero el problema no está ahí. Siempre queda algo que reprochar a RSF, siempre queda un síntoma de nuestro apoyo incondicional hacia el imperio en contra de Cuba. Porque fustigar a Cuba es obligatoriamente apoyar al imperio y viceversa. Ese síntoma se llamó hasta hace poco Sami Al-Haj. Camarógrafo asistente de la cadena catarí Al-Jazira, enviado a cubrir los golpes estadounidenses contra Afganistán, arrestado con pretextos falaces de entendimiento con Al-Qaeda en diciembre de 2001 por las fuerzas pakistaníes, este hombre fue entregado a los militares estadounidenses que lo trasladaron, en junio de 2002, a su base de Guantánamo, precisamente en Cuba. El 20 de septiembre de 2002, RSF pidió al ministerio de Justicia estadounidense explicaciones sobre la causa de esa detención. Ese correo –«demasiado tímido», «demasiado deferente», a juicio de nuestros detractores– nunca recibió respuesta. Al no saber si Sami Al-Haj había sido arrestado debido a su condición de periodista y al no disponer de información sobre él, RSF esperó antes de emprender otras acciones a favor de este periodista. Fue un error. Hoy militamos activamente por la liberación de Sami Al-Haj y unimos nuestra voz a las de las organizaciones humanitarias que exigen el cierre del campamento de Guantánamo. «Demasiado tarde», «olvido escandaloso», truenan nuestros detractores. Uno de ellos hasta escribió, sin verificar claro está, que no nos quedó más remedio que preocuparnos por el periodista sudanés porque su abogado se había puesto en contacto con nosotros al no saber ya a quien acudir. Al revés, fuimos nosotros quienes nos pusimos en contacto con el abogado Clive Stafford-Smith. ¿Se acabó la guerrita? No es seguro. El «olvido escandaloso» sigue siendo un elemento que incrimina a RSF. ¿Por cuánto tiempo? Cuando nos callamos éramos culpables. Cuando hablamos confesamos nuestra culpabilidad. Si hacemos algo nos lo reprochan, si hacemos lo contrario también. Los mismos que acusan a RSF de haber aplicado el «doble rasero» en un sentido son los mismos que lo creen normal en sentido contrario. Como está detenido por el ejército estadounidense, Sami Al-Haj es un periodista encarcelado. Como están detenidos por Fidel Castro, los 23 siguen siendo espías. Comentario de la Red Voltaire:
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