Emisión Especial Nro 31

Martes 22 de junio de 2004

 


NUNCA ESCRIBAS EN CONTRA DE TU CONCIENCIA

TÍTULOS NACIONALES

TÍTULOS INTERNACIONALES

NOTICIAS NACIONALES

LA UTPBA COMENZÓ A DISTRIBUIR SU REVISTA DE JUNIO

Buenos Aires, 22 de junio (ANC-Utpba).- “En la lucha de ideas” es el título de portada del número de junio de la revista de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires, edición en la que realiza una amplia cobertura de los Encuentros “Utpba 2004” y el Regional de la Federación de Trabajadores de la Comunicación (Fetracom), realizados el pasado sábado 12 con una masiva participación de periodistas y comunicadores sociales.

La edición de 16 páginas tamaño tabloide aborda los debates realizados durante la jornada en las comisiones de Comunicación y Cultura y de Salud, y publica testimonios y opiniones de los cientos de participantes.

La revista detalla la lucha que, junto con la Utpba, mantienen los trabajadores de prensa de La Nación, Canal 7, Radio Nacional, Crónica e Infosic.

“La Utpba” de junio comenzó a distribuirse entre los trabajadores de prensa de radios, canales de televisión, cables, agencias de noticias, diarios, revistas, portales de internet y corresponsales extranjeros de la ciudad de Buenos Aires, el conurbano bonaerense y de las principales localidades del interior de la Argentina.

La revista está llegando a las áreas de prensa y comunicación de embajadas y organizaciones sociales, culturales, educativas, gremiales, políticas, de derechos humanos, vecinales y piqueteras, así como a los docentes y estudiantes de las carreras de periodismo y comunicación social dictada en universidades e institutos terciarios (ANC-Utpba).

(volver)

NOTAS DE LA PUBLICACIÓN DEL OBSERVATORIO DE MEDIOS DE LA UTPBA

Buenos Aires, 22 de junio (ANC-Utpba).- La Agencia Nacional de Comunicación (ANC) publica en esta edición algunas de las notas incluidas en la publicación del Observatorio de Medios Político, Social y Cultural de la Utpba.

Los interesados en obtener la publicación deben solicitarla en Alsina 779, ciudad Autónoma de Buenos Aires, teléfonos (011) 5218-2840 al 2845, correo electrónico observatorio@observatorio.org.ar, página web www.observatorio.org.ar (ANC-Utpba).

(volver)

EL PASTELERO, LA TORTA, LAS PORCIONES Y EL MAITRE (*)

Buenos Aires, 22 de junio (Por Néstor Restivo (**), ANC-Utpba).- A fines del siglo pasado, es decir ayer, el 20% más rico de la humanidad capturaba casi 90% del PBI mundial, en tanto el 20% más pobre apenas recibía el 1%. Se difundieron entonces cifras de escándalo, como que las doscientas personas con más dinero del planeta poseían, entre todas, 1 billón de dólares, algo así como 1/30 parte del producto mundial. Y que si se hilaba más fino, se encontraba a tres millonarios con más fondos que los PBI acumulados de los países “menos adelantados” y sus seiscientos millones de paupérrimos habitantes.

Cuando ese desequilibrio inédito en la historia de la humanidad, que se da a escala global y al interior de cada uno de la inmensa mayoría de los países, aparece en los grandes medios de comunicación sólo figura como un dato pintoresco. Porque lo que sería en verdad un debate sobre la distribución del ingreso-cómo deberían funcionar los esquemas impositivos progresivos y cómo los Estados (no) regulan los flujos de dinero-, es un tema que hace rato se cayó de la agenda pública.

El reparto de la riqueza generada por la especie humana fue un tópico de la posguerra, pero en las dos últimas décadas fue cooptado, salvo excepciones o iniciativas sin poder real hasta ahora, por las agencias del dominio mundial sólo para engañar a algunos o para cumplir con la conciencia de sus dirigentes con menos capacidad de no tener vergüenza.

¿De qué hablamos cuando hablamos de distribución del ingreso? Tanto por un enfoque geográfico (regiones pobres/regiones ricas) como por otro funcional respecto de los factores de producción (trabajadores, propietarios de tierras, capitalistas) se trata de definir cuánto recibe o genera cada país y cómo, vía impositiva, en teoría lo distribuye en términos de seguridad alimentaria, salud, educación en todas sus fases, vivienda, cultura, etc.

Normalmente, las dos formas de medir la distribución de la renta son la curva de
Lorenz o, sobre todo, el índice de Gini.

En la primera, dos diagonales cruzan datos sobre porcentajes de población e ingreso: cuanto más ancho es el espacio entre ambas, más inequitativo será el grupo estudiado. En el segundo, su valor va de 0 a 1: cuanto más cerca de 1 esté el índice, mayor será el grado de concentración de la riqueza. Por ejemplo, en países como los escandinavos, ese indicador ronda el 0,25 ó 0,30; la media mundial se acerca a 0,4, y América Latina, donde la disparidad social se agravó en modo alarmante desde que irrumpieron las mentiras del neoliberalismo, hace dos décadas, se disparó a casi 0,60. Nuestra región es la más desigual del mundo, peor que África, peor que el sur de Asia.

Como recordó Bernardo Kliksberg -economista del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)- si en 1980 la relación sobre lo que ganaban los dos extremos de la pirámide poblacional mundial era de 237 a 1 (el 1% más rico “recibía” 40.711 dólares anuales per cápita, contra 112 dólares del 1% más pobre) a fines del siglo XX el coeficiente era de 417 a 1, es decir 76% más de brecha social. Y en América Latina fue peor al promedio mundial.

En un artículo reciente, Anwar Shaikh -economista marxista de la New School University de Nueva York- indicó que si hoy en los países más ricos el PBI por habitante se mide en 30.000 dólares anuales, en los más pobres no alcanza a 1.000 dólares, “y aun ese número atroz es engañosamente alto, pues la gran inequidad dentro de cada país significa que los pobres viven con mucho menos del promedio. Más de 1.200 millones de habitantes, 1 de cada 5, están forzados a vivir con menos de 1 dólar por día”, sostuvo. Y agregó Shaikh, citando datos oficiales de Naciones Unidas: “Excepto en China, la pasada década de rápida globalización estuvo asociada con un aumento de la pobreza y el hambre. Más de 13 millones de niños murieron de diarrea en ese período (...) y más de 800 millones sufren de malnutrición”.

En rigor también China, en la cresta de la ola de un crecimiento impresionante, tiene lo suyo. La revista británica The Economist informó que el pequeño grupo más rico del país, que ya es estudiado por Forbes o ChinaMoney (filial de EuroMoney) como si fueran los Rockefeller, Gates o Soros, posee en forma conjunta 23.000 millones de dólares, es decir 1,6% del PBI. Un cuarto de las personas de ese grupo son afiliados al Partido Comunista chino, y tres cuartos de los “top 100” hicieron originalmente el dinero en negocios inmobiliarios o en los grandes conglomerados chinos, lo que sugiere que fueron fuertes lazos con el Estado los que les permitieron capturar activos traspasados al manejo privado.

Confrontados a esa realidad de la nueva China, 800 millones de campesinos de esa nación viven en la pobreza o la miseria. La sexta economía más grande del mundo tiene hoy un PBI de 1,4 billón de dólares. Repartido en teoría entre sus 1.300 millones de habitantes, significa 1.000 dólares per cápita al año, rango inferior a países como Namibia o Guatemala. Mientras aquellos nuevos ricos acumulan el monto comentado, el promedio de ingreso de los chinos es de 545 dólares por año y en las zonas rurales de 316 dólares, es decir, menos de 1 dólar por día.

Volviendo al artículo de Shaikh, éste refutó básicamente ese sofisma tan repetido de que el libre comercio trae necesariamente desarrollo y prosperidad a todos, diciendo que es falsa la premisa de que la competencia internacional nivela a los poderosos y eleva a los débiles. En realidad, opera de otro modo: premia a los poderosos y castiga a los débiles. “Desde esa perspectiva -concluyó-, que el neoliberalismo empuje por un libre comercio sin obstáculo puede ser visto como una estrategia que beneficia más a las compañías más poderosas de los países ricos”. De hecho, otras cifras conocidas no hace mucho indicaron que de las “cien economías” más grandes del mundo 51 eran en realidad multinacionales antes que países. Por ejemplo, el ingreso anual de 2001 de la petrolera angloholandesa Shell casi duplicaba entonces al PBI de... ¡Venezuela!, uno de los países con más petróleo del mundo, o el de la más grande automotriz mundial, General Motors de EE.UU., alcanzaba el tamaño de las economías sumadas de Irlanda, Nueva Zelanda y Hungría, que no son economías chicas precisamente.

Argentina, con un modelo económico que por casi treinta años privilegió la valorización financiera y produjo concentración de la riqueza, exclusión social, “flexibilidad” laboral, endeudamiento público y fuga de divisas, con un Estado propicio a esa estrategia tanto en dictadura como en democracia, repitió el curso hacia más desigualdad que vivió todo el mundo. Pero con el agravante de que partió de niveles de mucha mayor cohesión social y más igualitario ingreso y captura de la renta por parte de todos sus habitantes.

Por ejemplo, a mitad del siglo pasado la masa salarial de todos los trabajadores argentinos, en virtual pleno empleo, sumaba 50% del ingreso nacional. Y en la primera mitad de la década de 1970, esa porción fluctuó entre 42 y 46%, para caer a 30% en el decenio siguiente y bajar 10 puntos más en la actualidad, cuando además se ha agregado el drama inédito de la pobreza y la indigencia, aun entre asalariados.

El diputado Claudio Lozano, director del Instituto de Estudios y Formación de la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA), escribió, en base a datos oficiales, que por cada 100 pesos que produce el país, el 30% más rico apropia 65 pesos, y el 70% restante, 35. La recuperación económica argentina actual, afirmó, “se basa en una mayor sobreexplotación de la fuerza laboral”, entre otros factores, por falta de financiamiento. Así, mientras hay en el país 30% de trabajadores desocupados o subempleados, la sobreocupación llega a 46%, con 11 horas de trabajo diario en promedio. Y en la sobreexplotación también cuenta el hecho de que, de todos los asalariados, 45,4% lo son en modo irregular o en negro. A marzo último, por otra parte, 47,8% de los argentinos son pobres y 20,5% indigentes, cifras mejores respecto al año pasado pero todavía dramáticas.

Para un país del cual la cúpula de su clase dominante fugó en los años ‘90 y tiene atesorado en el exterior casi tanto dinero como la deuda pública; para un país que pese al default no supo, no quiso o no pudo retener aquí su excedente y distribuirlo con más racionalidad, Lozano también contrastó estos datos: los trabajadores registrados ganan hoy, en promedio, 732 pesos por mes, y los no registrados, 304 pesos. De media, todos los trabajadores ocupados ganan 535 pesos por mes. Si se considera que la línea de pobreza la marcan a marzo 717 pesos mensuales (la de indigencia, 327 pesos), esto significa que el promedio salarial del mundo laboral argentino debería ser considerado un ingreso de pobreza. Por eso, el dirigente insistió en que se recupere la idea de un shock distributivo que la CTA plantea desde 2001 habiendo demostrado en detalle su viabilidad para financiarlo, lo que incluye desde luego una reforma tributaria de envergadura.

Porque no se trata de castigar o demonizar a quien tiene o acumula (si es en base a un emprendimiento, a su capacidad, no al saqueo) sino apenas de que el Estado aplique una tributación justa y progresiva, y donde sobre todo se promueva el trabajo productivo y se ataque la renta especulativa y el drenaje de riqueza al exterior. Y que políticas públicas garanticen un ingreso mínimo para los hogares en situación de pobreza e indigencia, lo cual no sólo incidirá en el cambio del cuadro distributivo, sino que además, como se planteó en el trabajo citado, potenciará la capacidad de los asalariados para discutir su nivel de ingresos y sus condiciones laborales (ANC-Utpba).

(*) Publicada en la Revista del Observatorio de Medios-Utpba junio-agosto 2004.
(**) Periodista de Clarín y Licenciado en Historia (UBA)

(volver)

HACIA DONDE TIRAN LOS BUEYES (*)

Buenos Aires, 22 de junio (Por Daniel Muchnick (**), ANC-Utpba).- Cuando se habla de distribución del ingreso se apunta a saber a cuál de los sectores de la sociedad le toca comer o no de la torta de la riqueza de una nación. Ese es el tema esencial para saber hacia qué rincón tiran los bueyes de las políticas económicas.

Por ejemplo: la más importante y significativa distribución del ingreso en favor de los trabajadores se dio, en la Argentina, durante el primer gobierno de Perón.

Desde entonces, prosiguiendo la misma línea previa, los hechos económicos y las decisiones de las elites gobernantes confirmaron políticas injustas para los asalariados. En 1952 Perón tuvo que hacer frente a una crisis significativa, producto de un gasto inexplicable de recursos más malas cosechas. Eso frenó las conquistas y ventajas del tramo 1946-1951.

Después de 1955 vino la adscripción al Fondo Monetario Internacional, la suscripción de un acuerdo stand-by, la aceptación de un plan que Frondizi llevó adelante, donde se conformaron esas estrategias típicas de la “estabilización” que pedía el organismo financiero. ¿Estabilización para quién?

Estabilización para los núcleos de poder y los sectores altos de la población. Desde Washington se comenzó a presionar para desmantelar el Estado, vaciarlo, saquear sus recursos y achicar sus prestaciones. Los trabajadores quedaron desguarnecidos.

Para “engordar” este tipo de políticas ortodoxas y monetarias se fueron sumando problemas estructurales de la Argentina, como la inflación y los ciclos espasmódicos de cierto crecimiento de la economía seguidos de recesiones graves, estrechamente vinculados a la expansión de la deuda externa. Todo cayó sobre las espaldas de aquellos que estaban en relación de dependencia: el esquema tributario y distintas exacciones.

El tiempo regresivo se amplió en los setenta y a mediados de esa década con el arribo del Proceso Militar que aplicó una economía a pura represión. Así como se terminó con la vida de miles (los “desaparecidos”), el direccionamiento impuesto por el establishment y Martínez de Hoz concluyó con la existencia misma de la industria nacional. Con la apertura irrestricta a los productos importados sumada a las cargas inflacionarias y recesivas se le agregó el cierre de las fábricas, la desaparición del trabajo y el incremento de la desocupación.

Más tarde la democracia, lamentablemente, no alcanzó para traer paz en los espíritus, en los bolsillos y en las perspectivas de desarrollo individual y colectivo.

El menemato siguió ferozmente con la agenda abierta en los sesenta por Krieger y en los setenta por Martínez de Hoz. Un fiel discípulo de aquellos mentores, Domingo Cavallo, posibilitó -con aquella ficción que fue la Convertibilidad- pulverizar cualquier equilibrada distribución del ingreso. La concentración de la riqueza favoreció el enriquecimiento de los grandes grupos empresarios prebendarios, el saqueo definitivo de los activos estatales y la extranjerización.
La puerta, entonces, se les cerró a los trabajadores. La marginalidad y la pobreza extrema aumentaron tras la devaluación de 2002 junto con la desesperación.

Ahora la batalla está dada por la exigencia de un mayor superávit fiscal que está pidiendo el Fondo Monetario. Si el gobierno concede ese pedido se anulará en el mediano plazo toda posibilidad de cambio para mejorar a los desposeídos. Todo lo cual agravará la tensión social (ANC-Utpba).

(*) Publicada en la Revista del Observatorio de Medios-Utpba junio-agosto 2004.
(**) Periodista del diario Clarín

(volver)

ORGANIZAR LA SOCIEDAD PARA DEMOCRATIZAR EL FUTURO (*)

Buenos Aires, 22 de junio (Por Martín Hourest (**), ANC-Utpba).- La nueva etapa de la democracia argentina, con sus discretos avances en materia de recuperación de la salud institucional, parece llevar sin complejos ni culpas, el método de confiscación del futuro para las mayorías, que fue el resultado de la aplicación de la lógica neoliberal de los ‘90 y del golpe devaluacionista y concentrador de ingresos instalado desde 2002.

Las tendencias a naturalizar lo que quedó de la sociedad después de las experiencias de Menem, De la Rúa y Duhalde no puede ser escondida por retóricas que apelan a la “nueva etapa de la producción”, a la “injusta distribución del ingreso” y a la construcción de “una burguesía nacional en el marco de un capitalismo serio”.

Las sociedades se organizan, esencialmente, en torno a la manera en que producen y distribuyen la riqueza, el tipo y la extensión de los derechos de los que participan en ella, la forma en que revisitan y reconstruyen su pasado y la lógica colectiva con que delinean su futuro.

Es con referencia a esas cuestiones que debe realizarse el juicio crítico sobre la propia organización social y sobre las políticas públicas que se llevan adelante.

La persistencia de altos niveles de desocupación (más del 19% si se resta el efecto de los planes Jefes y Jefas) y subocupación, el crecimiento relativo de los empleos no registrados, precarios y de baja productividad (que explican la inmensa mayoría de los puestos de trabajo creados), el importante crecimiento de la productividad del trabajo (surgida de la extensión de la jornada que supera con holgura las 1950 horas anuales promedio y de un incremento de la intensidad del uso de la fuerza de trabajo), la convivencia con niveles brutales de siniestralidad laboral que implica que cinco trabajadores mueran como mínimo por día y cuya tasa de crecimiento duplica la expansión anual del PBI, junto al mantenimiento de la tendencia al deterioro de los salarios reales y el hecho de mantener sumergidos a casi la mitad de nuestros compatriotas debajo de la línea de pobreza permite afirmar por un lado que las políticas públicas aspiran, no a modificar, sino a consolidar con vigor ésta y no otra distribución de las oportunidades de realización y capacidades de negociación.

La aparición de un grave e inédito fenómeno en la sociedad argentina como es el surgimiento de amplios sectores de lo que puede denominarse población excedente, concepto de regresión social que limita por debajo con la bestialización de las relaciones humanas y por arriba con el ejercito de desocupados, subocupados y ocupados no registrados y que se convierte en un inmenso patio de maniobras para las relaciones de dominación social, política y cultural.

La ruptura del concepto intergeneracional de producción social representado por la persistencia de niveles de pobreza de los menores de 18 años que alcanzan al 70% en el Nordeste argentino y superan el 40% en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Todo ello acompañado y producido por un fenómeno de concentración de la extrema riqueza que dinamiza aspectos de la demanda interna en su propio beneficio y se afirma en el ejercicio de la rebelión fiscal de los grupos más poderosos contra el conjunto de la sociedad.

En resumidas cuentas, una forma de organizar la sociedad y de gestionar las políticas públicas que conforma nuevas coaliciones de grandes ganadores y sectores sociales subordinados que se integran a ese desarrollo sobre la base de un modelo de crecimiento hacia arriba y hacia fuera.
En este contexto, el Estado se convierte en proveedor y productor de condiciones que legitiman esta forma de producir y distribuir la riqueza, y esta extensión de los derechos que auspicia el mantenimiento de la teoría del derrame hacia los de abajo y otorga beneficios impositivos, subsidios cambiarios y devaluaciones fiscales hacia distintas fracciones del aparato productivo.

Sólo la universalización de políticas de distribución del ingreso que permitan construir una ciudadanía alejada de la penuria permitirá profundizar la organización democrática de la sociedad para facilitar construir individual y colectivamente mayores niveles de autonomía.
Negarse a abordar este desafío, cualquiera sean los íconos que se levanten y afirmaciones que se realicen, redundará en una extensión de la dominación y la desigualdad (ANC-Utpba).

(*) Publicada en la Revista del Observatorio de Medios-Utpba junio-agosto 2004.
(**) Economista.

(volver)

POLARIZACIÓN Y DESIGUALDAD EN PRENSA (*)

Buenos Aires, 22 de junio (Por Ana Santucho, Daniel Rodríguez, Adriana Iacono y Glenn Postolski (**), ANC-Utpba).- La economía de la década neoliberal de los ’90 evidenció un proceso de fuerte concentración del ingreso y deterioro de las condiciones de vida de las mayorías sociales. Como parte de las reformas estructurales implementadas, la privatización de empresas públicas consistió en una importante transferencia de activos hacia el capital concentrado. A mediados de la década, y como consecuencia de la política económica llevadas a cabo, se produjo un fuerte aumento de la desocupación, subocupación y precarización de las condiciones laborales, profundizando el deterioro del salario.

Escenarios, todos, en que los trabajadores de prensa y su organización, la Utpba, opusieron resistencia y libraron luchas que impidieron, muchas veces, resultados peores en el marco del debilitamiento de las fuerzas progresistas organizadas.

Como ya referimos en trabajos anteriores, favorecidos por un sistema político asociado a sus intereses, los sectores dominantes se apropiaron de una gran parte del patrimonio público, así como de una considerable porción del ingreso de los trabajadores. Las empresas obtuvieron elevadas tasas de rentabilidad, parte de cuyo capital resultante más tarde fue fugado al exterior.

Unos de los primeros bienes públicos en ser privatizados, fueron los canales de televisión. La conformación de los primeros multimedios, a principios de los ’90, fue el comienzo del proceso de concentración que aún continúa bajo la forma de poderosos grupos económicos.

Promediando la década, luego de la “habilitación” legal, los capitales extranjeros se sumaron a la disputa por el control de las comunicaciones. Los cambios normativos producidos durante los ‘90 favorecieron claramente los intereses empresarios, privilegiando la maximización de la renta por sobre los derechos comunicacionales.

Es fundamental destacar que el proceso de concentración económica se vincula estrechamente con el deterioro de las condiciones en que se encuentran los trabajadores. Es decir que parte de las altas ganancias empresarias es obtenida a costa del deterioro del ingreso y las condiciones laborales.

El crecimiento explosivo del empleo inestable se reflejó también en el gremio de prensa. Una franja cada vez más amplia, conformada por trabajadores precarizados, creció de la mano de las medidas neoliberales de los ‘90. La figura del colaborador pasó a ser el modo de “contrato” preferido por las empresas, que desplazaron a los trabajadores de las redacciones y les transfierieron la responsabilidad impositiva. Dentro de esta modalidad se encuentra la diferencia entre aquellos que son colaboradores permanentes (pero que no gozan de un vínculo laboral) y los “freelance” que establecen relaciones con distintos medios. Los que conservan sus puestos de trabajo en relación de dependencia vienen padeciendo el aumento de la jornada laboral, la pérdida de francos, el pluriempleo y el deterioro permanente del salario, entre otros maltratos.

También hay que señalar otros factores que se desprenden de esta situación. Por un lado, el subempleo y por otro, el sobreempleo. Por último, se encuentran aquéllos que ni siquiera se hallan comprendidos dentro de las empresas, como es el caso de los pasantes. En este marco, durante los últimos años, “un tercio de los trabajadores de prensa perdieron su empleo o su estabilidad laboral”.

Después del estallido

La profunda crisis económica, política y social de comienzos de la nueva década repercutió fuertemente en todos los ámbitos de la sociedad, produciendo graves consecuencias sobre las mayorías sociales. Por citar sólo un dato representativo, la población que se encuentra por debajo de la línea de pobreza pasó de un tercio en 2001 a más de la mitad en 2002. Ya en los años anteriores, la recesión de la actividad económica se expresaba también en la caída en las ventas de diarios y revistas, así como en los abonados de televisión por cable.

Esta tendencia se profundizó a partir de 2000. El total de lectores de diarios muestra una tendencia decreciente entre 2000 y 2002 que va del 30% al 24% respectivamente; en el caso de las revistas semanales, se observa una reducción de los lectores del 18% en el mismo período; la penetración del cable en los hogares también mostró una tendencia a la baja a partir del año 2000, cuando se situaba en el 58% hasta el año 2002 que llega al 55%. Debido a la regresividad de la distribución del ingreso, la caída del consumo de bienes culturales es relativamente mayor en los sectores de bajos ingresos, aumentando así su concentración en los sectores de mayores recursos.

La Argentina post-convertibilidad generó un escenario donde los actores dominantes del sector de medios debieron practicar una estrategia defensiva en búsqueda de la preservación de su patrimonio. Para muchos, la devaluación implicó una importante licuación de sus pasivos y, a la vez, debilitó a quienes se encontraban endeudados fuertemente en divisas extranjeras. Ante esta situación, los dueños de los medios adoptaron una serie de herramientas para transferir parte de su crisis a otros sectores. Se pasó de la apología del liberalismo a la presión lisa y llana por subsidios del Estado, y así se impuso la sanción de la llamada ley de las “Industrias Culturales”. El argumento central con el cual se aprobó esa ley fue el de resguardar la propiedad nacional de los medios para salvar a las empresas del sector de ser absorbidas por el capital extranjero.

La adopción de diferentes instrumentos jurídicos para diferir sus responsabilidades formó parte de las estrategias empresarias. Todos los grupos han optado por diferentes formas para negociar con sus acreedores. Estas incluyen desde el pedido de concurso preventivo y la solicitud del Procedimiento Preventivo de Crisis hasta los acuerdos preventivos extrajudiciales homologados.

Otra estrategia “para salir de la crisis” también pretendió, en el caso de prensa, avanzar por sobre la conquista histórica del Estatuto del Periodista (Ley 12.908). Así, las empresas utilizaron distintas maniobras que incluyeron desde la inscripción de trabajadores de prensa bajo otros tipos de convenios (más favorables a sus intereses) hasta el lobby sobre los legisladores y el Poder Ejecutivo para derogarlo. La movilización y oposición de los trabajadores y su organización, la Utpba, impidió estas intenciones.

Ahora, bajo la excusa de la “apremiante” situación económica que transitan los medios de comunicación, tratan de negociar partes del mismo, atacando -así lo han hecho en un documento entregado al gobierno y sobre el que vuelven reiteradamente- la figura del colaborador, reconociendo la irregularidad de su situación, admitiendo -de manera indirecta- la evasión de aportes en ese sentido, pero dando vuelta la carga de la responsabilidad, buscan “blanquear” ese estado de cosas, negociando con el Estado el pago de una parte de la deuda a cambio de una nueva condición que transforme definitivamente al colaborador en un prestador.

Las reglas del juego

Son los grandes grupos quienes definen la lógica dominante dentro de la cual se van a desarrollar las estrategias de supervivencia y recuperación del sector, a partir principalmente de su capacidad de negociación con el Estado. Diversos temas forman parte de ese acercamiento: el vencimiento de las licencias, el reparto de la publicidad oficial y la negociación de las abultadas deudas impositivas.

El año 2003 significó para las empresas, merced a los índices de recuperación de la economía en general, un pasaje de una etapa defensiva a otra donde el objetivo fue retomar los márgenes de rentabilidad previos a la recesión.

El mercado publicitario comenzó a recuperarse, aunque ello no significó lo mismo para todos. La concentración en grandes grupos sesga también el reparto de la torta publicitaria. Las tendencias oligopólicas presentes en la industria cultural implican que cada segmento se encuentra dominado por las empresas con mayor presencia, que a su vez corresponden a los grupos más poderosos. Por ejemplo, en el segmento correspondiente a la televisión de aire de la Capital Federal que concentró casi el 50% del ingreso publicitario durante 2003, se distribuyó principalmente entre los dos grandes competidores, ambos pertenecientes a su vez a dos de los grupos más concentrados (Canal 13/Grupo Clarín, Telefe/Grupo Telefónica).

El aumento de la inversión publicitaria implicó una tendencia positiva del sector. Del piso de 1.695 millones de pesos en el año 2002, se pasó a un total de 6.467 millones de pesos en el año siguiente, mostrando una importante recuperación4. Aunque los índices de venta (tanto de diarios, como de revistas o abonados al cable) no han mejorado, la tendencia a la caída parece revertirse. El precio de tapa de los medios gráficos sufrieron un aumento promedio del 27%, que estuvo muy por debajo del aumento de casi un 75% de la canasta alimentaria. De esta forma, varias empresas han comenzado a mostrar signos de reinversión y expansión: la editorial Perfil abrió varias publicaciones, Cimeco (perteneciente a Clarín y La Nación) lanzó el nuevo diario “Día a día” en la provincia de Córdoba; Telefe, por primera vez en cinco años, tuvo un balance positivo, y La Nación logró una quita del 60% de su deuda y salió del default.

Hambre para hoy...

Luego de la devaluación, el escenario económico social significó un nuevo golpe a las condiciones de vida de los trabajadores de prensa. Durante los primeros meses de 2002, el aumento de precios generalizado, en particular de los bienes que integran la canasta alimentaria, provocó un profundo deterioro en su nivel de ingreso.

Ante el contexto de la grave crisis económica vigente en esos momentos, la política que adoptaron las empresas fue plantear una falsa opción para los trabajadores consistente, por un lado, en la amenaza latente de la posibilidad de cierre y, por otro lado, el chantaje de la necesidad de deterioro de las condiciones laborales y salariales como única forma de conservar los puestos de trabajo.

El miedo a la pérdida de trabajo actuó como fuerte disciplinador, llevando a los trabajadores a adoptar una posición defensiva a la hora de la negociación con las empresas. Esta situación se enmarcó dentro de una creciente caída del salario real.

Desde el gobierno, las medidas tomadas para intervenir en esta situación fueron escasas y débiles. El establecimiento de la “doble indemnización” resultó un freno frente a la nueva avanzada empresaria que esgrimía la necesidad de despidos generalizados. Pasaron varios meses antes de la nueva intervención gubernamental sobre el mercado laboral, esta vez decretando un magro aumento salarial que sólo alcanzó, en el caso de las empresas que dispusieron cumplir la normativa, a los trabajadores “en blanco”.

Frente a estas condiciones fuertemente desfavorables, los trabajadores de prensa junto a su organización enfrentaron esta situación, manteniendo la resistencia a la degradación de las condiciones laborales. Las distintas acciones llevadas a cabo permitieron atenuar las consecuencias negativas de esta nueva etapa.

En 2003, “junto a la recuperación económica, si hubo algún grado de redistribución del ingreso, ésta fue claramente regresiva: mientras una amplia capa de la población -trabajadores, desocupados, jubilados- perdió capacidad de compra con sus ingresos, una franja superior está recuperando la capacidad de demanda”.

Cara y contracara

En la etapa de crecimiento económico, los grupos de la comunicación se beneficiaron ampliamente, no sólo por la apropiación de la riqueza generada por los trabajadores, sino también por el despojo de las condiciones laborales y el favor otorgado por el Estado por medio de los cambios normativos.

Durante la crisis económica post-devaluatoria, los grandes grupos conservan su poder de condicionamiento sobre las políticas públicas y, en el caso del endeudamiento, apuestan a una negociación efectiva por parte del Estado que favorezca su situación. También es importante destacar su mejor posicionamiento relativo frente a la recomposición económica.

Este proceso resulta en una continua polarización social, ya que el fuerte aumento de la pauperización de los trabajadores de prensa es impulsado por un proceso similar de apropiación de riqueza, conocimiento y saberes producidos por los trabajadores de parte de los grupos concentrados. Si bien en los últimos tiempos se abundó en la referencia a la primera dimensión del proceso, son escasas las menciones sobre su contracara y causa (ANC-Utpba).

(*) Publicada en la Revista del Observatorio de Medios-Utpba junio-agosto 2004.
(**) Integrantes del Área de Investigación Utpba

(volver)

INTERNACIONALES

SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN: ENFRENTAMIENTOS IDEOLÓGICOS ENTRE ESTADOS, EMPRESAS Y CIUDADANOS (*)

Buenos Aires, 22 de junio (ANC-Utpba).- El neocolonialismo digital que agrava el abismo tecnológico entre ricos y pobres ha sido y es una de las principales barreras para que la tríada Estados, empresas y ciudadanos allanen el camino que deberán recorrer hasta la próxima reunión cumbre que se realizará en Túnez en el 2005 y cumplir con el objetivo central: Planificar una Sociedad de la Información que acorte las desigualdades que distancia a los países que concentran el equipamiento en electrónica e informática respecto a los dos mil millones de personas que no cuentan con electricidad o de aquellos países dónde cuatro de cada cinco habitantes no han utilizado jamás las redes telefónicas.

Una realidad que alcanza a los que aún conforma el 90 por ciento de los que jamás utilizaron Internet. Y si sumamos la voluntad de grupos empresarios interesados en invertir en países que no tienen recursos para montar una mínima infraestructura, se abre otro dilema en torno a si esas ayudas no terminan siendo una nueva versión de la expropiación de un derecho humano como es el derecho a la comunicación, además, de la acumulación indiscriminada de ganancias por parte de grupos económicos en territorio ajeno.

No es menor, entre otras realidades, los límites que vienen padeciendo las libertades públicas. Las redes de vigilancia y espionaje de las que ya hemos dado cuenta en el primer número de la Revista del Observatorio de Medios-Utpba se han agravado, producto de decisiones que emanan de los EE.UU, tras los atentados a las Torres Gemelas y el Pentágono en el 2001.

No se puede dejar de asociar a esta situación que el control de Internet lo tiene el país del norte a través de una autoridad privada. Tampoco parece constituir una garantía -como proclaman algunas Organizaciones No Gubernamentales- que la red de comunicación quede bajo el control de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT). Además, el debilitado “gobierno internacional”, la ONU, viene impulsando, ente otras cuestiones, a través de muchos de los Estados que la integran, una discusión que pretende circunscribir la propiedad intelectual a una cuestión de carácter comercial, desconociendo que la cultura y la comunicación no son mercancías.

Estos temas, entre otros, ya fueron discutidos en la Primera Cumbre de la Sociedad de la Información que se realizó en Ginebra en diciembre del 2003. Sin embargo, la inequidad digital y comunicacional no puede disociarse de un aspecto central, vinculado a la realidad que condena a millones de seres humanos a todo tipo de privaciones, padecimientos y carencias. La brecha digital, la lucha por concebir al derecho a la comunicación como un derecho humano está vinculada, inexorablemente, a la pelea por una mayor equidad en la distribución de la riqueza. Y este será el verdadero desafío que deberemos abordar en la próxima Cumbre que se realizará en Túnez, en el 2005 (ANC-Utpba).

(*) Publicada en la Revista del Observatorio de Medios-Utpba junio-agosto 2004.

(volver)

REPORTEROS SIN FRONTERAS: INSTRUMENTO DE LOS EE.UU. (*)

Buenos Aires, 22 de junio (ANC-Utpba).- En su página, junto al "quienes somos", se advierte acerca de los riesgos de hacer turismo en Cuba; cerquita, define a Cuba como "la mayor cárcel de periodistas del mundo"; su presidente, Robert Ménard, fue expositor estrella de la mesa "la libertad de expresión y la represión en Cuba", que en la Casa Bacardí, en Miami, el 9 de enero, juntó a conspicuos informantes de la CIA, cubanos-americanos y gusanos de un solo pelaje; descalifica a los 53 paises que no aceptaron respaldar a Estados Unidos en su crítica a China, en la última sesión anual de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, en un extenso informe donde cuestiona la autonomía de los estados.

El carácter de Organización No Gubernamental (ONG) de Reporteros Sin Fronteras (RSF) –a ella nos referimos- ensombrece un espacio donde la impronta progresista de importantes sectores es usada como escudo de concepciones, ideas y acciones que se corresponden con el origen -cada vez menos ocultable- de su fuente de recursos, los Estados Unidos.

La sistematización del ataque de Reporteros Sin Fronteras contra Cuba –que en el caso de Latinoamérica se extiende ahora a Venezuela, el “cuco” más flamante- está lejos de ser parte de una observación conspirativa sobre esa organización con sede en París: el día después del ataque estadounidense contra el Hotel Palestina, en Irak, en el que murió asesinado el camarógrafo español José Couso, la página web de RSF estaba dominada por el tema de la supuesta falta de libertad de expresión en Cuba.

Reporteros sin Fronteras se ha mimetizado, por años con organizaciones patronales de la comunicación y de periodistas-trabajadores de prensa, llevando y trayendo confusión; pero, por sobre todo, haciendo un verdadero servicio, en el campo de la guerra de inteligencia, a los intereses de Estados Unidos. Y en esa órbita todo, siempre, es válido.

Las palabras del propio Ménart son ejemplificadoras. En un libro de su autoría explica por qué no ataca a los dueños de la prensa, en este caso de su país -Francia-, admitiendo que si RSF cargara contra los popes de la comunicación correrían “el riesgo de disgustar a ciertos periodistas, enemistarnos con los grandes patrones de la prensa y enfurecer al poder económico. Ahora bien, para mediatizarnos necesitamos de la complicidad de los periodistas, el apoyo de los patrones de la prensa y el dinero del poder económico” (ANC-Utpba).

(*) Publicada en la Revista del Observatorio de Medios-Utpba junio-agosto 2004.

(volver)

EL LADO OSCURO DE LA RISA (*)

Buenos Aires, 22 de junio (Por Ana Villarreal (**), ANC-Utpba).- Dime de qué te ríes y te diré quién eres.

La acción humana que implica menos músculos que la de llorar, dice mucho más que la aparente inocencia de manifestar un estado emocional.

“¿De qué se ríe señor ministro?”. La demanda poética de Mario Benedetti fue empleada, en reiteradas oportunidades, como epígrafe de fotografías que registraban a funcionarios en situaciones de evidente contradicción entre la realidad y su capacidad, sino para transformarla o administrarla, por lo menos, para respetarla.

En general, la obscenidad puede atravesar varias fronteras cuando los actos son involucrados mediáticamente. La primera línea, la más contundente y notoria, es la del acto en sí. Luego será posible hallarla en los tantos intereses que anime la variedad simbólica: las diferentes maneras de edición y recepción se constituyen, en sí, en nuevos actos de obscenidad.

Días atrás, la risa de los soldados estadounidenses, en versión femenina y masculina, recorrió el mundo. Mejor dicho, el mundo al que llegan las agencias “internacionales de noticias”.

La risa sobre los cuerpos torturados, es sólo una pequeñísima muestra de la criminalidad de Estados Unidos en su invasión a Irak. La espectacularidad mediática, fugaz y excitante, nuevamente, le cedió el podio a “la noticia”.

Pithón, el monstruo de la mitología griega, nace durante las guerras en el barro de la podredumbre. El engendro de la pregunta, de lo que tal vez no tenga respuesta, desafía nuevamente a Apolo, el dios de la luz y su ejecutor en la leyenda.

¿Es que sólo la aberración, con forma humana, puede dar marco a aquellas risas, de pose, para autofotografiarse? El resultado, más que nunca habrá de ser leído no como una foto, sino como una situación histórica. Y, así, sus ‘milobscénicas’ reproducciones mediáticas.

Y desde la formación humana, desde la voluntad y desde los elementos que las ciencias pueden brindarnos, habrá que convocar los esfuerzos para comprender la realidad como un sistema: varios sistemas dentro del sistema. Es decir, la explicación de la acción, reacción y reproducción como productos históricos (ANC-Utpba).

(*) Publicada en la Revista del Observatorio de Medios-Utpba junio-agosto 2004.
(**) Periodista.

(volver)

HACEMOS ANC
Héctor Corti, Jorge Avila, Gustavo Vargas, Héctor Sosa, Marcelo López
Jorge De Diago, Héctor López Torres y Leandro Rivas


AGENCIA NACIONAL DE COMUNICACION (ANC)

Información sobre: Periodismo. Medios de Comunicación. Concentración Mediática. Agresiones. Censura. Capacitación Profesional. Los periodistas del Interior. Conflictos laborales. Etica Periodística. Los Periodistas en el Mundo. Nuevas Tecnologías. Los Periodistas en Internet . Telecomunicaciones. Radios de Baja Potencia. Los periodistas del Gran Buenos Aires. Informes Especiales y más.

El servicio de ANC puede recibirse completo en forma personalizada y gratuita por correo electrónico. Solicítelo a agenciaanc@infovia.com.ar

LOS LUNES ESCUCHA "SIN ZAPPING"

"Sin Zapping" es el programa que el Centro de Capacitación y Comunicación de la Utpba realiza todos los lunes de 21 a 22 por Radio Nacional Faro, FM 87.9. El espacio aporta una mirada desde los trabajadores de prensa sobre la realidad de los medios y analiza la actualidad, con la participación de distintas personalidades de la cultura, las ciencias y la política.

PARA ROMPER EL CERCO INFORMATIVO DIFUNDA LAS NOTICIAS DE ESTA AGENCIA


Centro de Cultura y Capacitación Utpba, Observatorio de Medios Político, Social y Cultural
Alsina 779 - Ciudad de Buenos Aires República Argentina
Tel: 5218-2840 al 2845
www.utpba.com.ar