A LA MEMORIA DE LA MEMORIA: "DIGAN QUE
EN ESTE MUNDO REINA LA INFAMIA"
Buenos
Aires, 11 de septiembre (Por Lidia Fagale (*), especial para ANC-Utpba).-
En un estante de mi biblioteca "El libro Negro de Chile",
publicado durante el primer aniversario del golpe de estado que
derrocó al gobierno constitucional de Salvador Allende, ha
rendido homenaje a la memoria durante casi 30 años.
Apenas
se conoció la triste noticia, decenas de libros denunciaban
e interpretaban la caída del gobierno de la Unidad Popular.
En aquella época el diario La Opinión decía
"una vez más, ríos de tinta impresa procuran
perpetuar en la memoria de los lectores la mesa de torturas o los
paredones de fusilamiento. Buenos Aires, de este lado de los andes,
no es ajena a este fenómeno. Las principales librerías
porteñas, las mismas que hace un año vieron pasar
a miles de manifestantes, ostentan hoy en sus anaqueles y vidrieras
más de veinticinco títulos editoriales, que están
referidos al drama chileno, amén de un sinnúmero de
publicaciones menores".
Era
un martes de un 10 de septiembre de 1974, a menos de dos años
de la instauración del terrorismo de Estado en Argentina.
Pienso si el artículo en cuestión, que no lleva firma,
fue escrito por uno de los cien periodistas desaparecidos. Otros,
se suman a la memoria. Recuerdo a Gregorio Selser y su obra "Chile
para Recordar" de Editorial Crisis; me detengo en "La
Hoguera" de Camilo Taúfic, de Editorial Corregidor.
Pienso en el colaborador y amigo íntimo de Salvador Allender,
Joan Garcés y su publicación El Estado y los problemas
tácticos del Gobierno de Salvador Allende de Siglo XXI. Me
acuerdo de Galerna y su compilación sobre los discursos pronunciados
por el mandatario chileno y también en Jorge Tomissi y sus
Grandes Alamedas, editado por el Instituto Cubano del Libro y tantos
otros. Sigo recorriendo las páginas del "Libro Negro"
tratando
de enriquecer mi motivación para escribir esta nota. El libro
es recuerdo, memoria y más memoria, cobijo de otros registros,
recortes y artículos que se protegieron del olvido entre
sus páginas-estantes.
Lo
ojeo y vuelvo a descubrir entre varios recortes -amarillentos por
el paso del tiempo- de diarios argentinos de la época. En
especial uno, publicado por el diario La Prensa, meses previos al
terrorismo de estado que frustró una de las más interesantes
experiencias políticas en Chile. El título - que refiere
a una situación muy actual- dice "Demanda chilena sobre
empresas multinacionales", del 1 de octubre de 1972. El artículo
en cuestión sostiene "Chile demandó ayer al secretario
general de Naciones Unidas, Kart Waldheim, la pronta ejecución
de una resolución del Consejo Económico y Social tendiente
a investigar las actividades de algunas compañías
multinacionales que considera instrumentos del neoimperialismo".
El
embajador Hernán Santa Cruz, delegado chileno en la Comisión
de Asuntos Económicos y Financieros de la Asamblea General,
mencionó, entre esas compañías a la Internacional
Telefhone and Telegraph -ITT-Corporation y a la Kennecotttt Copper,
cuya acción dañina ha estado denunciado el gobierno
de Chile en varios foros internacionales". Santa Cruz reiteró
la acusación de que la ITT, utilizando su influencia en el
gobierno de los Estados Unidos para pretender que este interviniera
mediante el boicot económico y la acción subversiva,
trató de derrocar al régimen encabezado en su país
por el Presidente Salvador Allende.
Pienso,
entonces, en Venezuela hoy. En las trágicas consecuencias
del terrorismo de Estado que asoló a nuestro país.
Pienso en Chile con el corazón partido entre la impunidad
de la Televisión Nacional que muestra al asesino del periodista
"Pepe Carrasco" como "un gran ciudadano" y las
decenas de homenajes a las víctimas de la represión.
Pienso en nosotros, aguardando que la alegría no se frustre
otra vez ante la inminente nulidad de las leyes de obediencia debida
y punto final.
Pienso
en Chile, en sus símbolos, en la poesía de Neruda
y Violeta Parra.
Pienso
en la hegemonía militar y económica de los Estados
Unidos; en si aún existen en nuestro país alguna de
las editoriales que publicaron lo más brillante de la literatura
Latinoamericana. Pienso en la Cordillera, uno de los pocos lugares
donde la naturaleza construyó un muro donde sólo el
terror logró abrir un camino negro entre las montañas.
Pienso
en aquella denuncia de Santa Cruz sobre la ITT; pienso, entonces,
en el boicot interminable del poder del dinero a los sueños
de millones de personas. Pienso en Chile, en Latinoamérica.
Pienso
en los homenajes como usinas que luchan contra el olvido y que nos
traen al presente como estos recortes albergados durante años
entre las páginas que denuncian la historia negra, de un
país, de un mundo, de una realidad que hoy nos sigue alcanzando.
Pienso
en nuestra profesión. Pienso en aquellos periodistas de la
época que no usaban eufemismos para dar cuenta de la realidad.
Pienso en los que no están y en los que siguen luchando.
Cierro
el Libro Negro de Chile y allí se quedan inquietos, siempre,
por resucitar del olvido, los recortes que tejen puentes entre memorias
y memorias. Me quedo con una frase de Neruda de la época
"digan que en mi patria reina la infamia". Me la apropio
y pienso: "Digan que en este mundo reina la infamia" (ANC-Utpba).
(*)
Periodista. Responsable del Observatorio de Medios Político-Social
y Cultural de la Utpba
(volver)
PRONUNCIAMIENTO
DE LA FELAP POR LOS 30 AÑOS DEL GOLPE EN CHILE
México
DF, 11 de septiembre (ANC-Utpba).- La Federación Latinoamericana
de Periodistas (Felap) envió una carta al Colegio de Periodistas
de Chile, con motivo de los 30 años del golpe militar en
ese país y el asesinato del presidente Salvador Allende.
La
ANC reproduce el texto del documento firmado por el presidente y
el secretario general de la Felap, Tubal Páez y Juan Carlos
Camaño, respectivamente:
"A
30 años del golpe militar en Chile, esta Federación
Latinoamericana de Periodistas no olvida ni perdona a los responsables
intelectuales y materiales de la aplicación del Terrorismo
de Estado, la desaparición, la muerte, la persecución,
encarcelamiento y el exilio de miles de compañeros y compañeras
del campo popular y del sojuzgamiento y exclusión de las
mayorías para el enriquecimiento de una minoría autoritaria
y antidemocrática.
"Nos
sumamos a las acciones emprendidas por el Colegio de Periodistas
en reivindicación de la memoria y la lucha de nuestros colegas
desaparecidos, asesinados y perseguidos. De todos los que dieron
su vida y de quienes habiéndola salvado no dudaron en luchar
por una sociedad verdaderamente democrática, justa y libre.
"Por
la memoria, la verdad y la justicia. Por un periodismo comprometido
con las luchas populares y conciente de su aporte como trabajadores
y como profesionales, les hacemos llegar nuestro saludo y el orgullo
de que los colegas chilenos formen parte de esta Felap" (ANC-Utpba).
(volver)
PERIODISTAS,
HASTA DAR LA VIDA (*)
Santiago
de Chile, 11 de septiembre (por Guillermo Torres Gaona (**), ANC-Utpba).-
La recopilación histórica lo revela: el golpe de Estado
del 11 de septiembre de 1973 para derrocar al gobierno del Presidente
Allende, se materializó en los últimos minutos de
la víspera. Comandos de la Estación de Telecomunicaciones
de la Armada, en la Quinta Normal, destruyeron las instalaciones
de la radio de la Universidad Técnica del Estado, ubicada
en las cercanías. Así, queda de manifiesto que los
conjurados concretaron la barbarie y la destrucción de la
democracia, teniendo como objetivo, junto al Palacio de La Moneda
y las poblaciones y fábricas donde podía haber resistencia,
silenciar a los medios de comunicación leales al proceso
democrático, clausurar diarios y revistas afines al gobierno
o a la izquierda crítica:
El
Siglo, Puro Chile, Clarín, Última Hora, Punto Final,
Ramona, las publicaciones de la editorial estatal Quimantú
-Paloma, La Firme, Cabro Chico, Mayoría, Hechos Mundiales,
Chile Hoy-, y de regiones, y perseguir a sus periodistas. Pero también
la censura y la mordaza alcanzaron a radios y medios escritos vinculados
a la entonces opositora Democracia Cristiana, como la clausurada
radio Balmaceda y el diario La Prensa.
Lo
recordamos, como hilo conductor, en ésta, noche de memoria,
de reconocimiento y de reencuentro.
De
memoria para revivificar a nuestros mártires.
De
reconocimiento, de todos quienes en estos 30 años, por sobre
diferencias ideológicas y partidistas, han privilegiado la
solidaridad y la unidad para permitir que el Colegio de Periodistas,
en resguardo del ejercicio profesional del periodismo en libertad
y sin censuras, se alzase con dignidad.
De
reencuentro, para reiterar nuestro camino rectilíneo de un
gremio cuyos compromisos éticos ineludibles son la difusión
de la verdad, el respeto a los principios democráticos y
los derechos humanos, en el marco de los valores de las libertades
de expresión, opinión e información y el pluralismo
informativo.
Una
noche cargada de recuerdos, de emoción y también de
dolor, para reivindicar al periodismo. Y rendir tan justo y necesario
homenaje a todos los periodistas que han aportado al engrandecimiento
de una profesión a la que la dictadura buscó silenciar
y aniquilar a muchos de sus profesionales, trabajadores y estudiantes.
Aún
corriendo el riesgo de que la memoria nos juegue una mala pasada,
levantamos nuestra voz para que se escuchen nítidos los nombres
y las circunstancias que padecieron, muchos de nuestros colegas
ejemplares, junto a nuestro recordado e inolvidable José
Carrasco Tapia, de cuyo asesinato se cumplen, hoy (8 de septiembre),
exactamente, 17 años y por quien ayer realizamos la tradicional
romería de homenaje exigiendo justicia.
A todos
ellos, los sentimos, con profunda emoción, presentes esta
noche.
Nuestro
consejero nacional, Augusto Olivares, el "Perro" Olivares,
quien en el Palacio de La Moneda, hasta el fin al lado del Presidente
Allende, no aceptó la rendición, resistió,
y en medio del bombardeo y las llamas, puso fin a su vida.
El
camarógrafo de canal 9, Hugo Araya, el singular "Salvaje"
Araya, muerto durante la ocupación militar de la UTE
Carlos
Berger, director de radio "El Loa" de Calama, fusilado
por la Caravana de la Muerte.
Diana
Arón, periodista de la editorial Quimantú, secuestrada
en 1976 y desaparecida.
Augusto
Carmona, periodista de Canal 9 de TV y de la revista Punto Final,
asesinado en diciembre de 1978, cuando integraba los equipos clandestinos
de prensa popular.
Sergio
Contreras, detenido en la intendencia de Santiago y fusilado.
Los
colegas detenidos desaparecidos Guillermo Gálvez, director
de la revista Hechos Mundiales, Máximo Gedda Ortiz, de Televisión
Nacional.
Los
estudiantes de periodismo detenidos desaparecidos Luis Durán
Rivas, de la Universidad de Chile de Santiago, y Jaime Aldoney,
de la Universidad de Chile de Valparaíso.
Eduardo
Jara Aravena, estudiante de Periodismo de la Universidad Católica,
secuestrado y asesinado.
Mario
Calderón, quien trabajó en Valparaíso, secuestrado
y desaparecido en 1975 en Santiago.
José
Miguel Rivas Rachitoff, del equipo de periodistas de La Moneda.
Jorge
Yáñez Olave, quien se desempeñaba en Linares,
secuestrado y desaparecido en Constitución.
Charles
Horman, periodista norteamericano, asesinado durante su detención
en el Estadio Nacional.
A todos
ellos, nuestro profundo respeto, reconocimiento y homenaje de este
Colegio que siempre los tendrá como ejemplo, sin olvidar
que la justicia debe hacer su labor y castigar a quienes son responsables.
Nuestro
homenaje a quienes murieron tras padecer en campos de concentración,
como los ex directores de La Nación y El Siglo, Oscar Weiss
y Rodrigo Rojas, respectivamente; Virgilio Figueroa, Héctor
Rogers, los ex consejeros nacionales José Emilio Mora y Francisco
Javier Neira, entre otros.
En
el 11 de septiembre de 1973 también deben ser reconocidas
las conductas, éticamente ejemplares, aún a riesgo
de sus vidas, de periodistas, técnicos y locutores que en
medio del bombardeo de las instalaciones y antenas transmisoras,
lo dieron todo para informar a los chilenos. Resalta la acción
de los colegas de Radio Magallanes que permitieron que el presidente
Allende dirigiera sus históricas últimas palabras;
al igual que el esfuerzo desplegado por los colegas de las radios
Corporación, Recabarren, Nacional, Portales, Candelaria,
Pacífico, para intentar mantener las emisiones.
Nuestro
reconocimiento a los camarógrafos y reporteros de algunos
canales de TV que pudieron registrar las brutales escenas del bombardeo
de La Moneda y grabar sus notas antes de la intervención
militar directa. A los reporteros gráficos y corresponsales
extranjeros que con sus despachos lograron que en el mundo se conociese
la barbarie de los golpistas.
A nuestros
colegas detenidos y torturados, que en los campos de concentración,
en medio de los padecimientos, mantuvieron la dignidad y fueron
capaces de editar diarios murales, hacer talleres de periodismo
para sus compañeros de prisión y a través de
sus familiares enviar valiosas informaciones al exterior.
A quienes
debieron partir al exilio y animaron la solidaridad internacional
con todo tipo de medios informativos, y se organizaron para ayudar
al Colegio y a quienes requerían del apoyo material, aquí
en Chile. Muchos de ellos participaron en los programas de radios
internacionales que apoyaban nuestra causa democrática, como
Radio Moscú, Radio Berlín, Radio Praga, y en otras
radios europeas como radio Netherland o la BBC de Londres, radio
Francia Internacional. Ellos fueron los vínculos directos
con entidades tan solidarias como la OIP y la FELAP y muchas organizaciones
nacionales de periodistas de países amigos.
A todos
quienes perdieron sus trabajos como resultado de las listas negras
instauradas con la dictadura en diversos medios y servicios públicos.
A los
colegas y familiares de los periodistas detenidos que contribuyeron,
desde los primeros días posteriores al golpe, a que el Colegio
actuara a favor de los perseguidos, presentara recursos de protección
y se masificara la solidaridad, incluyendo una visita al campo de
concentración de Chacabuco de la directiva del Consejo Nacional
de entonces, que incluía a María Eugenia Oyarzún
y que se entrevistó con los 18 periodistas que estaban allí
recluidos. Dirigentes ya fallecidos, como Alfredo Olivares y Gustavo
Pueller, tuvieron una labor ejemplar para estimular y movilizar
al Colegio.
A los
periodistas que se incorporaron en los primeros años a la
prensa clandestina en medios como Unidad Antifascista, El Rebelde
o Unidad y Lucha, y más tarde El Siglo, Última Hora
y otros, y fueron detenidos, sufrieron tormentos y posteriormente
condenados o expulsados del país.
Eran
tiempos en que la censura se imponía desde la misma Moneda
y los medios escritos debían enviar sus originales a los
censores de turno, lo que violentaba a los profesionales que enfrentaban
esta situación en las revistas Ercilla o Mensaje, que lograron
sobrevivir.
Las
radioemisoras sobrevivientes comenzaban tímidamente una labor
que con el tiempo sería decisiva para la recuperación
democrática con sus departamentos de Prensa. Así,
Cooperativa, Chilena, Santiago, Carrera constituyeron un bloque
de espacios para la libertad de expresión, pero con graves
costos como el secuestro de nuestro ex presidente nacional, Guillermo
Hormazábal, y de nuestra ex consejera nacional, Cecilia Alzamora.
Después se sumarían otras como la pujante radio Umbral
y algunas en regiones, como Ventisquero, de Coyhaique, La Voz de
la Costa de Osorno. Paralelamente, la Vicaría de la Solidaridad,
con el aporte de varios periodistas, lanzaba su Boletín Solidaridad,
con noticias y reportajes de las graves consecuencias del sistema
que se imponía por la fuerza. En tanto, y no podemos olvidarlo,
hubo algunos medios escritos, vinculados a los duopolios, y algunos
casos excepcionales de periodistas que incurrieron en graves trasgresiones
a la ética y se prestaron para dar cobertura a la acción
de los grupos represivos. Pese a que no ha habido una completa revisión
de esos comportamientos, nuestro Colegio expulsó de sus filas
a dos de ellos, y suspendió por seis meses a otros dos.
Y mientras
el Colegio lograba desafiar al sistema con la realización
de su primer Congreso en dictadura, realizado bajo fuertes amenazas
y con presencia policial en las calles, aparecían revistas
como HOY que se lanzaba con un fuerte compromiso con la libertad
de expresión. El mismo compromiso y los riesgos asumidos
también por otras nacientes revistas opositoras como Análisis,
donde escribía José Carrasco, nuestro ejemplar y heroico
dirigente nacional; Apsi, Cauce, La Bicicleta, Página Abierta,
Fortín Mapocho que después se convertiría en
diario, al que se sumaría La Época tras una larga
batalla judicial.
A todos
los periodistas, reporteros gráficos incluidos, de esos medios
que jugaron un rol fundamental para la recuperación de la
democracia, nuestro homenaje y reconocimiento. Ellos, en número
superior a los 60, sufrieron persecuciones, querellas, amenazas
de muerte, y varios condenados por Tribunales Militares, como Juan
Pablo Cárdenas y Mónica González.
Las
revistas y medios opositores sufrieron numerosas clausuras y el
Colegio, cuando esto ocurrió masivamente en 1985, editó
la Carta de los Periodistas, que se transformó en un valioso
medio informativo, requerido por las agencias internacionales de
noticias y por las organizaciones sociales, cuyos representantes
llenaban este edificio, esperando su salida.
Eran
tiempos en que la censura llegaba al extremo de que se prohibía
el uso en todos los medios de ciertas palabras emblemáticas,
como "paro", "protesta", "político".
Las imágenes, fotos, o hasta dibujos, referidos a protestas
o movilizaciones, estaban prohibidas y salían espacios en
blanco. Con esas fotografías censuradas el Colegio montó
una exposición que se presentó aquí, en el
tercer piso, y después recorrió las regiones.
Saludamos
a todos los periodistas que en 1987 y 1988, al llamado del Colegio,
paralizaron sus labores por una hora, en todos los medios de comunicación
de entonces, incluidas las salas de redacción de "El
Mercurio", "La Nación" y canal 13, para exigir
el fin de los procesos contra sus colegas querellados. Fue una acción
gremial y unitaria impecable.
¡¡¡Cuántos
recursos de protección, de amparo, movilizaciones callejeras,
publicaciones y denuncias impulsó el Colegio por esos años!!!
Fue
el primer colegio que realizó comicios democráticos
para elegir dirigentes, en 1982, y le tocó la alta responsabilidad
de presidir el Departamento de Movilización de los Colegios
Profesionales que convocó, como integrante de la Asamblea
de la Civilidad, al histórico paro nacional del 6 y 7 de
julio de 1986.
"Sin
libertad de expresión no hay democracia" y "libertad
de expresión, para toda la nación" fueron gritos
que atronaron por las calles en manifestaciones plenas de coraje
y decisión, que el Colegio retiene como un gran patrimonio.
En
1988, nos involucramos en el plebiscito que significaría
la cuenta regresiva para la dictadura. En la víspera organizamos,
con el apoyo de la OIP, el Encuentro Internacional por la Libertad
de Expresión en Chile que con la participación de
periodistas, representantes de los medios de comunicación,
de los empresarios y de las entidades mundiales y personalidades
del periodismo de los cinco continentes culminó con un acuerdo
unánime: postular al Colegio de Periodistas de Chile al Premio
Nobel de la Paz que debe ser recordado como una de las distinciones
más significativas. Sólo un error administrativo en
la postulación, nos dejó fuera de la posibilidad.
Pero el hecho es parte de la causa.
El
reencuentro con la democracia nos abrió justificadas esperanzas
de que se abrirían las grandes alamedas. Reaparecieron algunos
de los medios clausurados 17 años antes, como El Siglo y
Punto Final; La Nación y TVN cambiaron radicalmente su línea
editorial, pero paralelamente una política errada y sólo
al servicio del mercado, amparada por el oficialismo, facilitó
que los medios alternativos que habían contribuido decisivamente
a la recuperación de la democracia, fenecieran. El nuevo
escenario mostró y reforzó el sesgado espectro de
un sistema de medios sin pluralismo informativo, caracterizado por
el imperio del duopolio de la prensa escrita y con una televisión
pauteada por el rating.
No
obstante, fue estimulante el aporte de los medios que se comprometieron
con las nuevas realidades del país, de restablecimiento de
las libertades y de aporte al reforzamiento del estado de Derecho.
Surgieron, así, necesidades informativas y de reencuentro
con la verdad, por lo que el periodismo respondió también
con los reportajes de investigación, en diferentes formatos,
y que se transformaron en libros o videos, al no ser debidamente
acogidos por los medios escritos.
La
dictadura, eso sí, había dejado amarres, entre ellos,
normas y procedimientos judiciales del pasado que recayeron nuevamente
sobre periodistas, hasta el extremo que colegas como Alejandra Matus
y Francisco Martorell, entre otros, fueron condenados por esas normas;
algunos como Juan Andrés Lagos y nuestro consejero nacional
Manuel Cabieses, estuvieron detenidos, y otros fueron sobreseídos
sólo a fines de 2002.
En
1998 interpusimos una demanda contra Augusto Pinochet por su responsabilidad
en el secuestro, desaparición y homicidio de periodistas,
querella que aún está en tramitación y que
reactivaremos.
Las
demandas esenciales para el pleno restablecimiento de las libertades
de expresión, opinión y de información, así
como el conjunto de reivindicaciones emanadas del aplastamiento
de las libertades durante la dictadura, se manifestaron en las propuestas
que enviamos al Ejecutivo y que se tradujeron en el proyecto de
la llamada Ley de Prensa. Tras ocho años, como lo hemos dicho,
aunque restableció libertades y simplificó penalidades
hacia el ejercicio profesional, resultó insuficiente. Por
eso, hoy reivindicamos el proyecto del Estatuto del Periodista para
que con el legado histórico de quienes dieron su vida por
esta profesión de alto riesgo, recuperemos los derechos que
nos corresponden y que deben involucrar a los colegas que forman
parte de la XIV Región, los que residen en el exterior.
Muchas
tareas y desafíos tenemos por delante, debido a un sistema
injusto, en que la carencia de pluralismo informativo debe ser superado
para fortalecer a la democracia. La pluralidad de medios beneficia
a la comunidad y es una garantía para la democracia. Por
ello que saludamos la existencia de nuevos medios como Rocinante,
The Clinic, Le Monde Diplomatique, El Periodista, Plan B, Siete
más Siete, La Firme, El Utopista Pragmático, Radio
Tierra, radio El Canelo, las remozadas radios Biobío y Nuevo
Mundo; El Mostrador, Zona Impacto, El Gran Valparaíso, que
se suman a portales electrónicos, micromedios, diarios digitales,
radios comunitarias, prensa regional, canales de TV de baja cobertura
que se esfuerzan por mantener vivos los valores esenciales que rigen
a nuestra profesión en su compromiso con la sociedad. Deben
enfrentar, sin embargo, la desigual competencia de los grupos mediáticos
transnacionales o los duopolios en la prensa escrita, lo que dejó
en el camino a algunos como la revista La Huella.
Este
año, en que hemos visto subrayado el claroscuro del sistema
que nos rige, nos deja grandes lecciones que esperamos traducir
en conductas institucionales y de futuro.
Con
motivo de la conmemoración de los 30 años del golpe
militar, ha habido un valioso aporte para la reconstrucción
histórica que, esperamos, contribuya a la verdad y a la justicia.
Reportajes, crónicas, entrevistas, suplementos especiales,
emisiones con material inédito han permitido reivindicar
el valor fundamental del periodismo, cual es la difusión
de la verdad, entendida como la expresión de hechos verídicos.
Ése
es un reencuentro que el Colegio saluda y que quiere resaltar hacia
las nuevas generaciones de periodistas. Los 8.000 jóvenes
que se educan en 41 escuelas que hay en el país y que sueñan,
en una época diferente, de grandes contradicciones, sumarse
al ejercicio de una profesión difícil y sacrificada
pero que, con el ejemplo de quienes hemos recordado y homenajeado
esta noche, y con el legado de la tenacidad y dedicación
de nuestros ex presidentes y dirigentes nacionales y regionales
de ayer, hoy y mañana, se fortalece proyectando el porvenir
en que también con nuestro aporte esperamos una democracia
plena que garantice la libertad de expresión, de opinión
e información, promueva y afiance el pluralismo informativo,
haya verdad, justicia y reparación y respeto integral a los
principios democráticos y a los derechos humanos.
Con
una reflexión de Ernesto Sábato, queremos culminar
esta larga, pero justificada exposición:
"El
hombre de este tiempo vive delante de lo que acontece en el mundo
entero. Y lo hace a través de la mirada de los periodistas;
ellos son los testigos, quienes nos narran los acontecimientos.
De ellos depende el cariz con que interpretamos los hechos, el partido
que asumamos frente a lo que nos pasa como humanidad.
"El
periodista habrá de deponer su propia visión de las
cosas para abrirse a lo que sucede, comprendiendo que son sus ojos
y sus palabras las que llevarán a los demás hombres
la realidad de la que son parte.
"El
periodista es así testigo, mediador e intérprete.
La suya es una tarea de suprema responsabilidad" (ANC-Utpba).
(*)
Palabras pronunciadas durante el acto realizado el 8 de septiembre
de 2003 en el Teatro Camilo Henríquez.
(**) Presidente Nacional del Colegio de Periodistas de Chile.
(volver)
GABRIEL
GARCÍA MÁRQUEZ RESPONZABILIZÓ AL PENTÁGONO
Santiago
de Chile, 11 de septiembre (ANC-Utpba).- "A fines de 1969,
tres generales del Pentágono cenaron con cuatro militares
chilenos en las afueras de Washington... A los postres, uno de los
generales del Pentágono preguntó que harían
las Fuerzas Armadas chilenas si el candidato de la izquierda, Salvador
Allende, ganaba la elección. El general Carlos Toro Mazote
respondió: 'En media hora nos apoderamos del palacio de La
Moneda aunque tengamos que reducirlo a cenizas".
El
texto pertenece a una larga nota del periodista y escritor Gabriel
García Márquez, publicada en el diario argentino "La
Opinión" el 12 de marzo de 1974, en el que detalla la
participación de Estados Unidos en la planificación
del golpe militar contra Allende, aún antes de ser electo,
analiza cómo y quiénes participan en la desestabilización
del gobierno, y describe de que manera lo ejecutan.
Además
de Toro Mazote, los otros tres militares chilenos que se habían
sentado a la mesa en aquella cena de 1969, tuvieron una participación
decisiva en el golpe dado el 11 de septiembre de 1973.
El
general Ernesto Baeza, por entonces director de la Seguridad Nacional
de Chile "dirigió el asalto contra el palacio presidencial
y dio la orden de incendiarlo"; el general del Ejército
de Aire Gustavo Leigh "dio la orden de bombardear el palacio
presidencial"; el almirante Arturo Troncoso, entonces gobernador
militar de Valparaíso "dio la señal para el levantamiento
militar de la madrugada del 11 de septiembre".
El
Premio Nobel de Literatura remarca que en 1965 Estados Unidos había
realizado espionaje en Chile, y como parte del denominado Plan Camelot
destinó un cuestionario a los cuarteles, donde "una
de las preguntas era: ¿Qué actitud adoptaría
usted en caso de que los comunistas llegaran al poder?"
Luego
de detallar la situación económica, la política
de nacionalización de empresas y la expropiación de
las minas de cobre, señala que el "bloque económico
estadounidense" y el "sabotaje interno de la burguesía",
precipitaron la desestabilización, que tuvo en "la huelga
de los camioneros el detonante final".
"Finalmente,
el 11 de septiembre, al tiempo que se adelantaba la fecha de la
operación 'Unitas' (entre las fuerzas armadas de Chile y
Estados Unidos), se terminó por aplicar el plan trazado en
la famosa cena de Washington, con tres años de retraso pero
tal cual había sido concebido: no como un convencional levantamiento
de una guarnición sino como una verdadera y devastadora operación
de guerra".
"A
la hora de la batalla final, cuando el país estaba a merced
de las fuerzas desencadenadas de la subversión, Salvador
Allende permaneció obstinadamente sujeto al respeto de la
legalidad. Era, a la vez, un enemigo hereditario de la violencia
y un ferviente revolucionario. Esa fue la contradicción más
dramática de su vida. Creyó haberla resuelto autoconvenciéndose
de que la situación chilena permitiría un pasaje pacífico
al socialismo en el seno de la legalidad burguesa. La experiencia
le enseñó demasiado tarde que, para cambiar un sistema
no basta con estar en el gobierno: hay que estar en el poder",
reflexionó García Márquez.
El
día del golpe, y estando en el Palacio de la Moneda, "Allende
resistió durante seis horas, armado de una ametralladora
que le había regalado Fidel Castro y que fue la primera arma
de fuego que usó jamás".
"Hacia
las cuatro de la tarde, el general de división Javier Palacios
consiguió subir hasta el segundo piso de La Moneda con su
ayudante, el capitán Gallardo, y un grupo de oficiales. Allí,
entre las falsas cómodas Luis XV, los jarrones chinos con
sus dragones y los cuadros de Rugendas del Salón Rojo, los
esperaba Salvador Allende. Llevaba en la cabeza un casco de minero
y estaba en mangas de camisa, sin corbata; la sangre manchaba sus
ropas. Tenía la ametralladora en la mano".
"Allende
conocía bien al general Palacios. Algunos días antes,
había confiado a Augusto Olivares que lo consideraba un hombre
peligroso debido a sus contactos demasiado estrechos con la embajada
de Estados Unidos. En cuanto lo vio aparecer por la escalera, Allende
le gritó: '¡Traidor!', y lo hirió en una mano".
"Allende
pereció en el curso del intercambio de balazos con esa patrulla.
Luego, cada oficial, según el rito del Ejército, tiró
un tiro a quemarropa sobre el cuerpo. Finalmente, un suboficial
le desfiguró el rostro de un culatazo de fusil".
El
escritor colombiano concluyó aquella nota publicada en el
diario La Opinión del 12 de marzo de 1974: "La tragedia
ocurrió en Chile, para desgracia de los chilenos, pero ha
entrado y permanecerá en la Historia como algo que irremediablemente
nos ha sucedido a todos nosotros, hombres de este tiempo, y que
está para siempre grabado en nuestras vidas (ANC-Utpba).
(volver)
LA
MIRADA DE UN PERIODISTA EXTRANJERO A POCOS DÍAS DEL GOLPE
Santiago
de Chile, 11 de septiembre (ANC-Utpba).- El periodista Ted Córdova-Ciaure,
tituló "Chile es territorio peligroso para los periodistas
de toda nacionalidad", un informe que explicaba cuál
era la situación de los trabajadores de prensa a los pocos
días de que se concretara el golpe militar que derrocó
a Salvador Allende.
"Chile
era el paraíso de la libertad e expresión. De pronto,
como bien definió un diplomático de esa nacionalidad,
cayó la Edad Media, la inquisición que se había
vivido ni aún en la colonia. Y de pronto Chile se convirtió
en territorio peligroso para periodistas chilenos y extranjeros",
describió en el informe publicado por el diario argentino
La Opinión, el 30 de septiembre de 1973.
Sostiene
que todo comenzó antes de la caída de Allende, "cuando
el fallido golpe de junio, el 'tancazo', en el momento que un cobarde
oficial chileno disparó sobre el camarógrafo argentino
Leonardo Hendrickssen... que no fue otra cosa que un vulgar asesinato
a plena luz del día".
Más
adelante Córdova-Ciaure sostiene que "el contraste con
esta abierta democracia, donde se podía abordar a un ministro
o al propio presidente en la calle, donde las fuentes informativas
estaban permanentemente abiertas, el país que, en suma, era
la muestra más sorprendente de libertad de prensa en todo
el mundo, ahora se ha impuesto un clima de censura, han sido proscriptos
medios de comunicación -algunos hasta fueron bombardeados-,
hay varios periodistas muertos, docenas encarcelados y los corresponsales
extranjeros, que en general no simpatizan con el régimen
-hay algunas patológicas excepciones- deben someterse a las
advertencias, interrogatorios y aun detenciones de una Junta Militar
que, por lo demás, está sumamente preocupada de la
casi unánime crítica mundial al derrocamiento del
sistema democrático".
Luego
de describir lo que le había sucedido a algunos corresponsales,
Córdova-Ciaure recuerda la detención de un periodista
holandés y el contacto que tiene con sus colegas chilenos,
también recluidos en el estadio Nacional.
"Los
periodistas extranjeros redactaron un petitorio para la Junta abogando
por los periodistas chilenos presos. El problema era que resultaba
difícil tener una lista más o menos parcial de los
detenidos. En eso, la Junta detuvo a un corresponsal de Radio Holandesa,
Antón Foeck, que fue llevado a una de las prisiones en el
estadio Nacional. Y allí confeccionó con letra pequeñita
en un papelito mínimo la siguiente lista, que sacó
cuando su embajada obtuvo su libertad".
Esa
lista estaba integrada por Manuel Cabieses (Punto Final), Jorge
Pacull (Última Hora), Oscar Waiss (ex director La Nación),
Alberto Gamboa (director Clarín), José Gómez
López (director Puro Chile), Patricio Enriquez (periodista
radial), Alejandro Arellano (jefe de redacción Clarín),
Iba Aybat (jefe de redacción Clarín), Franklin Quevedo
(director radio Universidad Técnica), Sergio Gutiérrez
(jefe de informaciones radio Universidad Técnica), Carlos
Naudón (canal 7), Guillermo Torres (El Siglo), Ramiro Sepúlveda
(radio Magallanes), Luis Muñoz (editorial Quimantú),
Federico Quilodrán (editorial Quimantú), Rolando Carrasco
(radio Recabarren), Carlos Munizaga (radio UT) y J. M. Sánchez
(periodista uruguayo) (ANC-Utpba).
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MORIR
ES LA NOTICIA
Santiago
de Chile, 11 de septiembre (ANC-Utpba).- El terrorismo de Estado
implementado por la dictadura militar encabezada por Augusto Pinochet,
inició una feroz persecución contra el periodismo
opositor al régimen, donde una de las consecuencias fue el
asesinato o la desaparición de un centenar de periodistas,
trabajadores de la comunicación, obreros gráficos
y estudiantes de periodismo.
Sus
nombres, sus historias, sus semblanzas fueron publicadas en el libro
"Morir es la noticia", un trabajo colectivo realizado
con las investigaciones de más de 60 periodistas que editó
Ernesto Carmona en 1997.
"Este
libro es un esfuerzo por rescatar la memoria histórica reciente
de la profesión de periodista. Lo inspira el propósito
de dejar un registro de cómo fue el periodismo de los años
'60 y'70 y una semblanza personal de los periodistas y estudiantes
privados de la vida por su manera de pensar. Su contenido también
incluye a trabajadores de la comunicación afines al periodismo,
personal obrero gráfico, radio operadores, y técnicos
de cine y televisión", se explica en la publicación.
En
el texto se enfatiza que "la muerte de estos periodistas no
siempre hizo noticia. Once de las veintitrés personas reseñadas
integran las listas de ciudadanos detenidos desaparecidos. Generalmente
fueron arrestados sin testigos, se los recluyó en una prisión
clandestina, recibieron una muerte secreta en un lugar desconocido,
se respondió con mentiras y evasivas a los requerimientos
de sus familiares y 30 años después, todavía
no aparecen sus restos. La noticia de sus muertes no se publicó
en los medios en que trabajaron. Otros asesinatos de periodistas
fueron registrados en la prensa como 'enfrentamientos'".
La
nómina incluye a 23 periodistas, 9 estudiantes, 20 trabajadores
de la comunicación, 21 periodistas que fallecieron posteriormente
como consecuencia de la dictadura y 28 obreros gráficos asesinados
(ANC-Utpba).
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